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Percepción de riesgo, también en el debate
Sobre una zoonosis reemergente como la leptospirosis, y su comportamiento en provincias como Villa Clara, Camagüey, Matanzas y La Habana, debatieron ampliamente los delegados al IV Curso–Taller Internacional Espiroquetas Habana 2016.

Es una enfermedad que predomina en zonas rurales, pero factores como el actual deterioro de las condiciones higiénico–sanitarias —dígase la acumulación de desechos sólidos e infestación de roedores por ejemplo— unido a la tenencia y crianza de animales en zonas urbanas y suburbanas sin condiciones adecuadas para esta actividad han propiciado que en las áreas urbanas exista un riesgo similar de desarrollar este padecimiento, explicó a Granma Jusayma González Arrebato, jefa del Programa Nacional de Zoonosis del Ministerio de Salud Pública.

La especialista refirió que, con una tasa por debajo de dos por cada 100 000 habitantes, la morbilidad por leptospirosis en nuestro país tiene tendencia a la disminución, comportamiento que se ha mantenido desde que en el año 1996 se introdujera la vacuna antileptospirósica, y se priorizaran los principales grupos de riesgo.

A ello, dijo, han contribuido además las audiencias sanitarias en las comunidades, la capacitación al personal de salud encaminada a un mejor reconocimiento de esta enfermedad y el incremento de la percepción de riesgo sobre todo en aquellas personas que por su ocupación tienen mayores probabilidades de contraerla, como son los trabajadores de los arrozales, cañaverales, acueducto y alcantarillado, criadores de cerdos, amas de casa en contacto con animales, entre otros.

No obstante, destacó, aún hay mucho que hacer en ese sentido, teniendo en cuenta que no se utilizan siempre los medios de protección adecuados, y la población no acude al médico en todos los casos con la premura requerida. “Mientras más el paciente tarde, mayor posibilidad de desarrollar formas graves de la enfermedad existen”.

Por otra parte, en el encuentro también hubo espacio para intercambiar sobre la ecología de las garrapatas en Cuba, y su relación con la borreliosis, causante de la enfermedad de Lyme y la fiebre recurrente. Al respecto, Omar Fuentes González, del laboratorio ecológico del departamento de control de vectores del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), refirió que actualmente se conocen en Cuba 32 especies de garrapatas, y continúa siendo un reto estudiar estos ectoparásitos, muchos de los cuales apenas conocemos.

Enfatizó en el hecho de que Cuba está geográficamente atravesada por casi todos los canales migratorios de las aves, que son diseminadoras por excelencia de estos ácaros. De ahí que, dijo, estemos expuestos a riesgo constantemente.

Las garrapatas se alimentan de la sangre de los vertebrados y en ese proceso pueden transmitir microorganismos como hongos, bacterias, protozoos y virus, señaló el investigador Ángel A. Noda, del IPK. Abundó sobre el hecho de que ya se tienen en el país evidencias serológicas en humanos, que desde el punto de vista clínico tuvieron manifestaciones de la enfermedad de Lyme, y en los que se encontraron anticuerpos específicos contra la Borrelia. No así en garrapatas, donde no se ha logrado encontrar este patógeno, aunque continúan los estudios. Sin embargo, sí fueron hallados otros patógenos por primera vez en Cuba en estos ectoparásitos, como son la Coxiella, causante de la fiebre Q, y la Rickettsia, que origina las fiebres manchadas.

Otro de los tópicos del Curso–Taller fue la sífilis, enfermedad centenaria cuyos primeros reportes se remontan a la Italia del siglo XV, y que tiene una incidencia de más de 12 millones de casos nuevos al año en el mundo. A partir del año 2000 ha experimentado una reemergencia internacional, no solo en la población de hombres que tienen sexo con otros hombres sino en población heterosexual de ambos sexos, destacó el investigador Islay Rodríguez, del laboratorio nacional de espiroquetas.

El experto disertó sobre los avances y desafíos del diagnóstico serológico de esta enfermedad sistémica de evolución crónica, ante los retos de que, por ejemplo, la treponema pallidum continúa siendo una bacteria no cultivable. Resaltó que es fundamental que las pruebas de laboratorio vayan acompañadas de información clínica y antecedentes en los pacientes, para un diagnóstico más certero.
Fecha:
Martes, 10 de mayo del 2016
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