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Notas sobre las inundaciones terrestres en Cuba
Autor: Dr. Manuel A. Iturralde–Vinent
Académico de mérito, ACC

Muchos años, al llegar el Verano (periodo pluvioso), comienzan las inundaciones en casi todo el país, como el pasado 5 de mayo, cuando un barrio de Cárdenas amaneció anegado, al caer 108 mm de lluvia (= 108 litros/metro2) en 24 horas. También el 11 de mayo hubo numerosas calles en la capital cubana casi interrumpidas por las inundaciones en Luyanó, El Vedado y Rancho Boyeros, donde se acumularon hasta 85 mm de lluvia en apenas tres horas (*). Y como colofón, al final de mayo y como consecuencia de la tormenta extratropical Alberto, han ocurrido cuantiosas precipitaciones en el centro y occidente del país, las cuales provocaron el derrumbe de casas y puentes, grandes pérdidas en las cosechas, cuantiosos daños en numerosas poblaciones cuyas casas y calles quedaron por varios días bajo las aguas, las vías ferroviarias y carreteras interrumpidas y numerosas familias desplazadas.

Las inundaciones ocurren en las costas debido a la marea alta, la sobreelevación del nivel del mar, o al oleaje; pero tierra adentro las inundaciones son el resultado de la combinación de la lluvia como agente desencadenador, el relieve como factor propiciador, y el factor humano (antrópico) al crear o exacerbar las condiciones de exposición y vulnerabilidad ante el peligro. En ocasiones, se pueden combinar ambos procesos y se complica la situación en las zonas bajas costeras. Estos eventos afectan la economía en general, y en especial los sembrados, las vías de comunicación, las poblaciones; y pueden estar acompañados de la pérdida de vidas humanas.

Reducir el riesgo de inundación

En las distintas condiciones del paisaje natural y urbano se pueden tomar una serie de medidas para reducir progresivamente el riesgo de inundación, trabajo que debe empezar en las montañas y terminar en la propia casa.

En los paisajes de colinas, montañas y valles es necesario evitar la deforestación, especialmente en las laderas, cañadas y cauces, pues la vegetación tiene la capacidad de absorber una parte de las lluvias y con sus raíces y troncos reducir la velocidad de descenso de las aguas ladera abajo. Muy a menudo los pastizales para el ganado y los cultivos menores (de poco porte) en las montañas y laderas, favorecen la erosión, la pérdida de suelo y permiten que las aguas de lluvia desciendan a gran velocidad hacia los valles y llanos, provocando inundaciones.

En los caseríos y ciudades las intervenciones humanas reducen la cobertura vegetal pues cubren los suelos con tierra compactada, hormigón, asfalto, y obras de distinto porte (edificios, casas, muros, puentes, túneles, parques, etc.), de modo que la mayor parte del agua que se precipita tiene modificado su curso natural de drenaje y tiende a forman embalses. En estas condiciones las inundaciones son determinadas por la mala colocación de las obras respecto al relieve y la creación de obstáculos al paso de las aguas, la insuficiencia de los sistemas de alcantarillado y la acumulación de desechos que tupen los tragantes.

Lecciones aprendidas de la tormenta Alberto

No hacen falta imágenes, pues hay abundantes evidencias de los destrozos dejados por las inundaciones provocadas por Alberto, y en especial, aquellas determinadas por las fuertes corrientes de agua que fluyen por los cauces fluviales, por sus llanuras de inundación, e incluso, por las partes bajas del terreno donde normalmente no corren tales flujos acuosos.

No hay probablemente un modo absoluto de evitar estos desastres en los términos de la infraestructura actual, no sólo en Cuba, sino casi en cualquier parte del mundo. Esto significa que Alberto nos ha dado una oportunidad insuperable de valorar nuestras vulnerabilidades.

De estos eventos no hay que lamentarse, hay que aprender, y por eso, paso a relacionar algunas ideas para reflexionar sobre ellas:

Hay que modificar nuestro paradigma constructivo. Debemos usar más la construcción de casas elevadas, ya sea sobre pilotes como sobre una base levantada sobre el nivel de inundación histórica, sobre todo en las áreas bajas con drenaje pobre. Los viales (carreteras y líneas de ferrocarril) deben dotarse de obras de drenaje mucho más eficientes, que permitan el paso de grandes caudales de aguas. También es necesario colocar diques en las márgenes de los cauces de los ríos que transitan por la ciudad.

2. Los nuevos desarrollos urbanos e industriales deben localizarse en terrenos altos dentro del entorno donde se construyen, las presas de cola y estanques de aguas usadas deben tener muros más altos y resistentes. Los puentes tienen que estar mejor asentados en el substrato, sobre todo si este es de rocas arcillo–arenosas, donde el contacto roca–hormigón es una superficie de erosión privilegiada. Las instalaciones de generación eléctrica, los tanques de combustibles, los tanques de agua y los almacenes deben estar protegidos contra las inundaciones (elevados, rodeados de diques, etc.).
Fecha:
Mircoles, 21 de noviembre del 2018
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