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Industria 4.0 ¿ilusión o pesadilla?
Para muchos especialistas ya es una realidad la cuarta revolución industrial, una nueva etapa en el desarrollo moderno de la humanidad que sigue a las tres anteriores, marcadas por la creación de maquinarias impulsadas a vapor; el descubrimiento y uso de la energía eléctrica, y la automatización de los procesos fabriles.

Cada una de ellas causó transformaciones drásticas, no sólo en el modo de producción, distribución y consumo, sino que también en la organización social, en particular la profundización de las grandes desigualdades que existían a mediados del siglo XVIII.

Pero las tres revoluciones industriales conocidas hasta ahora no sólo cambiaron la vida de la gente, sino que también la forma matarse unos a otros y nada grafica tan bien esta idea como las dos guerras mundiales ocurridas en la primera mitad de la centuria precedente.

Por eso, la certidumbre de que estamos en el umbral, o según algunos lo hemos traspasado ya, de una era diferente no debe tomarse a la ligera.

Industria 4.0 es el nombre que se le da a esta nueva etapa, la cual consiste en aplicar a los procesos productivos la digitalización para procesar enormes cantidades de datos, la interconexión masiva de sistemas, dentro y fuera de las fábricas, y el uso constante y creciente de la inteligencia artificial que desplazará inexorablemente a la mano de obra humana.

En el plano teórico se trata de lograr por medio de la utilización de internet y las llamadas tecnologías de punta cadenas de producción cada vez más comunicadas entre sí, y entre los mercados de oferta y demanda.

Para decirlo de manera simple, nos alcanzó la ciencia ficción de “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, o “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury.

El punto está en saber si esta cuarta revolución industrial, o Industria 4.0, mantendrá el énfasis en la ganancia a toda costa o si, por el contrario, estará al servicio de la población contribuyendo a la reducción de largas y agotadoras jornadas laborales y generar bienestar a las personas que podrán disfrutar del llamado “ocio útil”.

Desafortunadamente todos los indicios apuntan a la primera opción, que será una pesadilla para la población, relegada al papel de una masa anónima cada vez menos útil para las grandes corporaciones, o de consumidores esclavos de un sistema manejado desde un complejo de computadoras.

La Unesco advirtió que es urgente reinventar los sistemas educativos para preparar a la sociedad de cara a un nuevo mercado laboral, donde en una primera etapa el 30 por ciento de las labores actuales estarán en manos de robots que dejarán sin trabajo a unos 375 millones de empleados en el mundo.

No es asunto de rechazar las nuevas tecnologías, ni de ponerse a destruir máquinas, como los luditas durante la primera revolución industrial, sino de reflexionar si somos conscientes y estamos preparados para el mundo que se nos viene encima y donde vivirán, si viven, nuestros hijos y nietos.
Fecha:
Mircoles, 29 de mayo del 2019
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