Noventa años de la visita de Albert Einstein

Domingo, 27 de diciembre del 2020 / Fuente: Red Cubana de la Ciencia / Autor: Orfilio Peláez

Albert Einstein en  La Habana

En la mañana del 19 de diciembre de 1930, el eminente científico alemán Albert Einstein llegó al puerto de La Habana a bordo del vapor Belgenland,  acompañado por su esposa Elsa.

Según cuenta el profesor José Altshuler en su libro Las 30 horas de Einstein en Cuba, tras recibir en el mismo barco el saludo de los directivos de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana y de la Sociedad Geográfica de Cuba (SGC), manifestó su deseo de comprar un sombrero que lo resguardara de la intensa radiación solar imperante, antes de ir al agasajo organizado en su honor en la sede de la primera asociación mencionada.

De inmediato los anfitriones lo condujeron hasta la tienda El Encanto, la más famosa y lujosa de la ciudad, donde el gerente tuvo la delicadeza de obsequiarle uno de los más distinguidos jipijapas en venta.

A pedido del dueño del establecimiento, aceptó hacerse un retrato en el lugar,  a fin de tener un recuerdo de tan significativa visita.

Tras colocar a Einstein delante de un fondo negro para resaltar  la expresividad de su cara  bondadosa, el artista Gonzalo Lobo tomó la histórica foto, que constituye el único retrato de estudio hecho al  creador de la Teoría de la Relatividad en suelo cubano.

                   AGUDO OBSERVADOR

Durante su periplo habanero, Albert Einstein hizo primero una breve visita de cortesía a la Secretaria de Estado, acompañado por el ingeniero José Carlos Millás, director del Observatorio Nacional y vicepresidente de la SGC, y el doctor Juan Manuel Planas, presidente de esa propia organización.

Como puntualizó a Granma  el profesor Luis Enrique Ramos Guadalupe, coordinador de la comisión de historia de la Sociedad Meteorológica de Cuba (SometCuba), los conocimientos de Millás en Matemáticas y Física,  y su dominio de varios idiomas, influyeron en gran medida para que se le encomendara acompañar a Einstein  mientras permaneciera en La Habana.

La Secretaria de Estado era la entidad que acogía a la Sociedad Geográfica de Cuba, de ahí la razón por la cual fue el primer sitio oficial incluido en el programa de lugares a visitar por el distinguido huésped.

Einstein asistió después al solemne homenaje que le tributaron en la sede de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de  La Habana, sita en la calle Cuba 460.

Desde el paraninfo del histórico inmueble, agradeció las atenciones recibidas por parte de los académicos y los miembros de la SGC y de la Sociedad Cubana de Ingenieros, con los cuales compartió allí. También enalteció las virtudes del pueblo cubano.

La apretada agenda incluyó, asimismo, un encuentro con la comunidad hebrea de nuestro país, el almuerzo ofrecido  por el presidente de la Academia de Ciencias en el hotel Plaza, y un paseo en automóvil en horas de la tarde, que el mismo había solicitado para conocer más La Habana y el campo de las afueras de la urbe.

Siempre en compañía de su esposa, el recorrido incluyó los exclusivos Country Club y Havana Yacht Club, áreas rurales de Santiago de las Vegas, el aeropuerto de Rancho Boyeros, la Escuela Técnica Industrial, las obras del Acueducto de Vento, el asilo de enfermos mentales de Mazorra. Finalmente participó en una recepción preparada por la Sociedad Cubana de Ingenieros.

Fatigado por la agitada jornada, rehusó la invitación oficial de pasar la noche en el a punto de inaugurarse Hotel Nacional, y prefirió dormir en el vapor Belgenland, atracado en la rada habanera.

A la mañana siguiente, el ingeniero José Carlos Millás fue a buscarlo para dar un paseo por los lugares de la ciudad que el escogiera.

Con esa sensibilidad que lo caracterizaba, Einstein pidió ir a las zonas  de mayor pobreza, pues si el día anterior había visto las grandes residencias de las personas ricas, ahora quería apreciar cómo era la vida en los hogares de las personas más humildes.

Bajo la guía de su principal anfitrión, visitó varios solares y cuarterías de la Habana Vieja, los barrios populares de Llega y Pon, y Pan con Timba, algunas de las tiendecitas modestas de la calzada de Monte, y la zona del Mercado Único, quedando fuertemente impactado por la miseria predominante.

Percatado de la verdadera realidad de la Cuba de entonces, escribió en su diario de notas correspondiente al  20 de diciembre, día en que culminó la estancia del sabio alemán en la mayor de las Antillas: Clubes lujosos al lado de una pobreza atroz, que afecta principalmente a las personas de color.



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