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Eutanasia: utopía o necesidad
La práctica de la eutanasia en la historia de la humanidad es ancestral; sobran ejemplos de procedimientos eutanásicos desde etapas anteriores a las civilizaciones de la antigüedad griega y romana con el fin de poner fin a dolencias insoportables.

Durante 12 centurias el tránsito a la muerte estuvo despojado de todo dramatismo; la habitación del enfermo se convertía en un lugar donde todos, incluso los niños, podían entrar libremente. Con la llegada del medioevo cristiano y hasta el siglo XVIII, el proceso de morir, antes regulado por la familia y las comunidades religiosas, fue progresivamente desplazándose al dominio del sistema médico, y la muerte y las circunstancias que la generan empezaron a convertirse en tema tabú.

A partir del siglo XIX se produjeron grandes avances en el diagnóstico y tratamiento más efectivo de las enfermedades, lo cual hizo parecer a la muerte como un acontecimiento cada vez más lejano. Los avances tecnológicos hicieron que la muerte se viera como una derrota, como un accidente, como un fracaso de los servicios de salud y no como la condición natural y consustancial al desarrollo de todos los seres vivos.

Ese siglo marca la época del rescate del término eutanasia en la literatura médica —que procede etimológicamente del griego eu, bueno, y thanatos, muerte, y que literalmente significa «muerte buena»—, con el fin de describir los deberes del médico para aliviar la agonía extenuante.

En la actualidad esta práctica ha alcanzado relativa aceptación en el continente europeo y parte de Norteamérica, sustentada en rigurosos criterios expresamente descritos en la ley. Están los casos de Holanda y Bélgica; la provincia de Quebec, en Canadá, y los estados de Oregón, Washington, Montana, Vermont y California en la Unión, con una normativa que regula «el bien morir».

De América del Sur vale destacar las prácticas eutanásicas de un país como Argentina, y la reciente aprobación de la ley de Muerte Digna.

Asunto polémico

Las contradicciones generadas por la diversidad de criterios y fundamentos éticos, legales y médicos hacen de este un asunto muy difícil de abordar. En pocos años se ha reavivado la polémica en torno a la eutanasia; de tema de conversación de pequeños grupos familiares afectados directamente por el dilema de la muerte, se ha convertido en debate público y noticia cotidiana. El interés responde a la introducción de otros factores de reflexión: la autodeterminación de los pacientes y la nueva dimensión que adquiere la voluntad o el deseo del afectado.

La preocupación fundamental descansa en la posibilidad ética de dar una respuesta positiva a quien desea morir y pide ayuda al efecto, como parte del derecho que se presupone tiene toda persona sobre la salud y la enfermedad, y de la vida y la muerte.

El término queda entendido como toda conducta del personal médico o de personas cercanas al enfermo, que por acción u omisión producen la aceleración del proceso natural que lo conduce a la muerte, con el fin de evitar sufrimientos insoportables una vez agotados todos los tratamientos posibles.

Afrontar este debate implica tomar en cuenta la voluntad del paciente, manifestada con total conocimiento de sus consecuencias, en plenitud de sus facultades mentales y en respeto a la autonomía de quien sufre, para decidir libremente sobre su cuerpo y su vida. Implica el abordaje desde la ética médica de los profesionales de la salud, sopesando, como nunca antes, la petición de los pacientes al respecto, la información clara que de su condición ha transmitido y las posibilidades reales de sanación o disminución de los fuertes dolores físicos. E implica al Derecho como mecanismo de salvaguarda y protección del interés de todos los sujetos involucrados, estableciendo los requisitos que con carácter estricto han de cumplirse y que van desde la emisión de voluntad, reflexiva, reiterada y plasmada explícitamente en un documento llamado de Voluntades Anticipadas o Testamento Vital, hasta la participación de una comisión médica multidisciplinaria que valide la decisión.

Una correcta y acabada regulación normativa limitaría los márgenes a la arbitrariedad y al error.

Curar, aliviar y acompañar

Cuba, paradigma en la prestación de servicios médicos, mantiene su posición en contra de la eutanasia y defiende los principios médicos de curar, aliviar y acompañar al paciente.

A pesar del número apreciable de personas que padecen enfermedades malignas y derivan en estadios prolongados de sufrimiento físico y sicológico, con gran repercusión en la familia y la sociedad, en la Isla no se cuenta con el respaldo cultural ni legal, ni con el conocimiento exacto de las distintas variantes en que se puede presentar la eutanasia, que permitan a los científicos en la comunidad médica y a la sociedad enfrentar abiertamente un debate sobre esta opción.

En nuestro país el hecho de la muerte está dotado de la exaltación y el dramatismo propios de la cultura occidental, e influenciado por los dogmas establecidos a partir de las corrientes religiosas que trajeron los colonizadores españoles hacia los pueblos de América, cuando se debía asumir con naturalidad el hecho de la muerte y algo fundamental: la conciencia de nuestra propia mortalidad.

Cuba no tipifica las conductas eutanásicas en la norma penal como delito especial, aunque dadas sus características se puede asimilar al homicidio o subsumirlo en la figura típica del auxilio al suicidio, prevista y sancionada en el artículo 266 del Código Penal Cubano. La diferencia fundamental entre el procedimiento eutanásico y el llamado «auxilio al suicidio» radica en que en esta última quien desea morir no tiene que padecer enfermedad grave o terminal alguna, solo el simple deseo de poner fin a su vida.

Por polémico que resulte el análisis de las concepciones acerca de la vida y la muerte, la sociedad cubana tiene el nivel de madurez suficiente para someter a debate la situación en que se encuentran pacientes, familiares y profesionales de la medicina al no contar con las directrices precisas para enfrentar determinadas situaciones límites.

Poner o no fin a la existencia, con el objetivo de evitar sufrimiento o la prolongación artificial de la vida una vez agotados todos los recursos, seguirá siendo asunto delicado que motive encendidas controversias. La eutanasia es una elección que continuará dando qué pensar a todo ser humano de la civilización moderna. Por lo pronto, podemos dejar planteada una interrogante: ¿Estamos hablando de una necesidad o de una utopía?


Fecha:
Lunes, 13 de junio del 2016
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