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El tornado de La Habana: Como si un avión hubiese aterrizado en mi casa
“Pensé que era un avión”, dice Marbelis Castaño. Sintió las primeras ráfagas de viento a las 8:10 p.m., poco después de iniciar el noticiero. “No tengo palabras para describir lo que pasó después”.

Marbelis se encerró con su hijo de brazos en el baño de la casa de Luyanó y lo abrazó con todas sus fuerzas: “Creí que no íbamos a pasar de ahí”.

En un país acostumbrado a los huracanes y a contar con varios días de preparación, el paso de un intenso e inusual tornado sorprendió a los habaneros en la noche de este domingo.

Según pudo comprobar Cubadebate en el terreno, la estela de destrucción se extiende desde el Casino Deportivo y Santo Suárez, hasta la zona de Regla, pasando por Diez de Octubre y Luyanó.

Los daños son focalizados pero muy intensos: carros de cabeza, derrumbes, postes caídos y barras de acero de varios centímetros estrujadas como si fueran de cartón.

A diferencia de los huracanes, que afectan amplias zonas, la estela del tornado es de apenas 100 o 200 metros de ancho. Unas cuadras a los lados de donde tocó el fenómeno, se podría decir que no pasó nada.

En Luyanó, uno de los barrios más afectados, nos encontramos con Marbelis Castaño sentada en una silla frente a su casa, que había perdido casi todo el techo y tenía varias paredes caídas.

A pocos metros, un almacén perdió todo el techo y su esqueleto de acero sucumbió a la fuerza del viento. A lo largo de la calle Concha, se escuchaban centenares de historias como las de Marbelis.

La Calzada de Luyanó parecía esta mañana una zona de guerra. Los vecinos evaluaban lo daños y comenzaban a remover las toneladas de escombros que dejó el tornado.

“Esto es desastroso, lo nunca visto. Duró menos de un minuto, pero si llega a ser un poco más, yo creo que no hacemos el cuento”, dice Yandy Ruiz, una de las cientos de personas que salieron en la mañana a recorrer Luyanó. El tornado por poco lo coge en la calle, pero le dio tiempo de resguardarse en su casa.

Varios kilómetros al suroeste, en Santo Suárez, las escenas que dejó el tornado parecen de película.

En la calle General Lee, un almendrón de los conocidos como “pisicorre”, con capacidad para más de una docena de pasajeros y varias toneladas de peso, terminó de cabeza en el portal de un edificio.

“De momento se fue la luz y empezó el ruido y la ventolera, como si fuera una turbina de avión al lado de uno”, cuenta Frank frente a su casa. “Cuando salgo al pasillo, estaban los escombros entrando por el portal de la casa y me tuve que cubrir la cara”.

Cuando el viento amainó, Frank se asomó al balcón. “El carro ya estaba ahí encaramado. Un desastre completo”.

A pocas cuadras de su casa, Miguel Ángel vivió una experiencia parecida.
El tornado movió más de diez metros su Peugeot azul, parqueado frente a la casa, y terminó volcado con las ruedas hacia arriba.

“Jamás en mi vida había visto una cosa igual”, dice Miguel Ángel. “Nosotros íbamos a salir en diez minutos. Si no se llega a ir la luz, nos hubiéramos montado y en estos momentos no estuviéramos haciendo el cuento”.
Fecha:
Lunes, 28 de enero del 2019
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