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Día de la Medicina Latinoamericana: Enfermero, como el primer día
Las Tunas.– Al enfermero Oscar Fresco Rodríguez lo conocí en el salón de Cirugía Menor del policlínico Gustavo Aldereguía. Se hallaba en pleno ejercicio, vestido con bata verde y un nasobuco que no me permitió verle el rostro. Apreté el obturador de la cámara y guardé varias imágenes del proceder quirúrgico sin imaginar que detrás de aquel "enmascarado", habitaba un ser humano excepcional que siente profunda devoción por lo que hace.

Momentos antes, alguien me había comentado que él se desempeñaba como jefe del servicio y que gracias a su gestión varios especialistas operan allí a pacientes de toda la provincia. Y resultó una verdadera suerte no solo confirmar que Oscarito era el corazón del lugar, sino además, descubrir al profesional abnegado de más de 30 años de experiencia.

¿Por qué elegir la Enfermería?

Enfermero por vocación. Los círculos de interés me incentivaron el deseo de estudiar la carrera. En aquella época existían muchos prejuicios en la sociedad y era difícil que un hombre optara por la Enfermería. Aun así me incliné por ella después de concluir la Secundaria y demostré junto a mis compañeros que podíamos ejercerla. En una sala de Terapia, por ejemplo, nuestra condición física nos permitía levantar con mayor facilidad a los encamados.

Recuerdo que mi grupo proclamaba un lema: "Si volviéramos a nacer fuéramos de nuevo enfermeros". Siempre nos inculcaron como valor esencial el amor al paciente y la entrega a nuestro trabajo.

La vida para un enfermero es difícil porque somos los que permanecemos al lado del paciente las 24 horas, y a veces de forma anónima. Ya pasó el tiempo en el que se ejercía de manera empírica, ahora tenemos una Sociedad de Enfermería y estamos mucho más preparados, incluso para dirigir instituciones.

Cuénteme de su trayectoria en esta profesión tan sacrificada

Empiezo en 1986 en Terapia, servicio que aporta bastante al desarrollo profesional. Para mí fue una verdadera escuela, en la que recibí muchos cursos de cuidados intensivos, intermedios, urgencias médicas, unidad quirúrgica... Después de dos décadas, sentí que allí mi tarea había terminado. Me trasladé entonces, al posoperatorio, donde pasé cuatro años hasta llegar al policlínico Gustavo Aldereguía.

Comencé primero en el Cuerpo de Guardia, y a los seis meses me plantearon ir para el salón. Cuando entré, solo cuatro médicos operaban y yo logré incorporar casi la totalidad de las especialidades. Nos caracteriza la prontitud y la calidad en la asistencia, pues adoptamos las medidas para que no existan listas de espera y así desahogar al hospital "Guevara" de estas intervenciones menores.

Durante estos años, tuve varias propuestas de colaborar en otros países, y no se materializaron porque mi padre estaba enfermo de cáncer. Aplaudo a quienes han ayudado al mundo porque esa es nuestra consigna, pero he dedicado los esfuerzos a realizar mi misión en Cuba, y estoy orgulloso de ello.

¿Qué momentos adquieren mayor significado para usted?

Me enorgullece que un paciente refiera sentirse bien y complacido de la atención; ese, sin dudas, es el mejor regalo que puedo recibir como enfermero.

En las terapias se plantea que de cada mil personas con hemorragia cerebral se salva una y yo vi salvar a muchas. Eso es un éxito que reconforta.

¿Cuáles son sus motivaciones al despertar cada jornada?

Hacer las cosas como el primer día. Cuando el profesional cae en la rutina puede cometer lamentables errores.

Mi familia también me inspira y alienta a seguir. Pensar en ellos, me hace amar más al paciente y sensibilizarme con su problema.

¿Cómo percibe la formación de las nuevas generaciones?

No ha cambiado nada. Mi esposa imparte clases en Ciencias Médicas y conversamos bastante sobre estos temas. Existen las universidades, la bibliografía y los excelentes profesores. Sin embargo, noto cierto desinterés y desapego a la carrera.

Las personas se parecen a su tiempo. Muchos jóvenes están más incentivados por la tecnología y las cosas materiales, que por ayudar al prójimo, que es justo, la esencia de nuestro trabajo. Algunos eligen las especialidades médicas por una gratificación económica, y las consecuencias las sufren los pacientes.

¿Qué debe caracterizar a una persona que se consagre al mundo de la Medicina?

En primer lugar, un gran amor por el ser humano. No debe faltar la ética, el respeto mutuo y la comprensión que son la base del éxito del trabajo en equipo.

¿Cuáles son sus principales preocupaciones con respecto a la salud de la población?

El cáncer de piel se ha quintuplicado en la provincia. Cada vez llegan a  la consulta más personas con lesiones de la epidermis, causadas, principalmente, por la exposición excesiva a los rayos solares.

Incrementan además, las enfermedades de transmisión sexual y las crónicas. Hoy los científicos señalan que el estrés sostenido y las inadecuadas dietas son responsables de un número importante de patologías. La población debe ser consciente de estas realidades y actuar en correspondencia.

¿Qué espera del futuro?

Quisiera ver a una juventud profesionalmente realizada, capaz de mostrar su valía porque son ellos quienes cuidarán de nosotros, que vamos rumbo a la tercera edad. Mediante las escuelas y la familia podemos lograr un futuro de estrellas como quería el Che, que nos iluminen para hacer la vida menos difícil.

¿Hasta cuándo ser enfermero?

Hasta que me jubilen y luego seguiré si me aceptan con un contrato. Pienso que hasta la muerte. Me siento satisfecho porque he cumplido con mi sueño de ayudar a la humanidad.

Concluyo mi entrevista sin evitar una sonrisa profunda, de esas que debe recibir cada día de algún paciente agradecido. Quedan en mi mente palabras sueltas: "amor al ser humano, sacrificio, ética"...razones que me hacen sentir confiada de esos profesionales que tenemos en cuerpo y alma, presentes en su quehacer diario, desde cada pedacito de Cuba.
Fecha:
Domingo, 3 de diciembre del 2017
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