Noticias
   
 

Alogenosis Iatrogénica. Una nueva enfermedad
Aunque quizás no se hable de ella aún con la fuerza que lo amerita, no es para nada despreciable el número de personas que en la búsqueda de “la perfección” y el estar conforme con una imagen, a veces “de moda”, han obtenido a cambio un padecimiento del cual nunca se podrán liberar. Hablamos justamente de la enfermedad ocasionada por la inyección de sustancias ilícitas con el propósito final de “rellenar o aumentar” zonas corporales como la cara, mamas, glúteos, brazos, pantorrillas, muslos, entre otras.

Alogenosis Iatrogénica la denomina en su conjunto la comunidad médica, aunque se le ha dado otros nombres. “Alogenosis” porque es producida por sustancias alógenas, es decir, extrañas al organismo; y “Iatrogénica” porque la producen los médicos o las personas que las han inyectado, entre ellas los cosmetólogos, que muchas veces no conocen el peligro de lo que están manejando.

Englobadas bajo el nombre comercial de “biopolímeros”, dichas sustancias —que no son más que la combinación de siliconas de grado no médico con aceites minerales o vegetales, entre otros compuestos, y que nunca han tenido permiso ni registro sanitario— producen cada año, solamente en Iberoamérica, más de un millón de víctimas, en su mayoría mujeres, según estudios internacionales.

Sobre este fenómeno, que si bien en Cuba no es una tendencia completamente establecida, hoy constituye un serio problema de salud pública en varios países de la región, y por lo cual vale la alerta, Granma conversó con el doctor José Cairos Báez, especialista de segundo grado en Cirugía Plástica y Caumatología del Hospital Hermanos Ameijeiras.

“Este problema tiene un antecedente de casi tres siglos atrás, cuando se comenzaron a usar este tipo de sustancias. La primera publicación del tema se remonta a 1899, cuando un médico inyecta con fines terapéuticos y cosméticos parafina en un niño, al cual le habían hecho una orquiectomía(extirpación quirúrgica, total o parcial, de uno o de los dos testículos) por tuberculosis testicular. Es el primer reporte que aparece de uso médico con las parafinas”, explicó el profesor Cairos Baéz.

El entrevistado comentó que a ello le siguieron posteriormente las inyecciones con sustancias como aceites minerales y los petrolatos sólidos y líquidos (derivados del petróleo). “Es hacia 1920 que se conocen las primeras publicaciones de los problemas que empiezan a aparecer con el uso de estos productos, los cuales provocaban reacciones adversas como embolismos pulmonares durante la inyección, lo cual es frecuente, así como granulomas y tumoraciones de la piel, entre otros. Viene entonces después de la primera guerra mundial la gran explosión de la cirugía estética, donde se siguen utilizando estas sustancias y empiezan a aparecer otras como las siliconas en sus distintas variedades. Ya para la década de los años 60, el Departamento de Control de Drogas en los Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) hace la prohibición del uso de las siliconas líquidas inyectadas, así como de las parafinas y los petrolatos, por sus evidentes consecuencias para la salud”.

De acuerdo con el especialista, si bien en Cuba no existe una ley de regulación similar, la Sociedad Cubana de Cirugía Plástica y Caumatología, adscrita a la Federación Iberolatinoamericana de esta especialidad, sí se ha preocupado por circular a toda la red de profesionales médicos del país, mediante Infomed, información sobre los daños del uso de estas sustancias. “Hemos incluso desarrollado seminarios, cursos, cada vez que se celebra un evento afín y nos actualizamos con lo último que se maneja en el mundo en este campo, con la participación e información de países que presentan alto número de casos como Colombia, México, Argentina, Estados Unidos, entre otros.

En países como estos, donde se ha desarrollado la medicina esteticista y la cosmetología, es hoy un gran problema de salud, pues se practica la inyección de estos productos o bien con fines comerciales o por la poca noción del perjuicio que provocan, cuando está incluso prohibida su utilización, comentó Cairos.

Nuestro país no queda ajeno al fenómeno, aunque la incidencia sea mucho menor, “y sí hemos tenido que atender casos graves de personas que se sometieron al uso de biopolímeros cuando visitaron otra nación o producto de la aplicación por personas que los ingresan al territorio nacional”.

“También contamos con un conjunto de casos de fisiculturistas que se han inyectado otras sustancias como aceite de maní, girasol e incluso aceite automotor, produciéndoles grandes necrosis”, dijo.

Para el especialista, son diversos y variados los cuadros clínicos que ocasiona esta enfermedad, que pueden incluso llegar a provocar un padecimiento de tipo autoinmune. El cuadro clínico que produce en los pacientes es incierto, con periodos de mejoría y recaídas y son varios los factores que explicó agravan la clínica.

“Si por una parte hay personas que se inyectan y en las cuales los granulomas demoran hasta tres años o poco más en formarse y provocar reacciones, hay quien al inyectarla presenta reacciones alérgicas fuertes con peligro de shock anafiláctico, u otras que corren el riesgo por la cantidad suministrada de que se les infiltre una arteria con peligro de embolismos pulmonares o accidentes cerebrovasculares, o bien la introducción de gérmenes”, puntualizó el experto.

Por lo que ha podido observarse en nuestro país es más frecuente la inyección en los glúteos, aunque se ha visto en otras partes del cuerpo como las mamas, ante lo cual el entrevistado fue conclusivo: “Es algo totalmente contraindicado”.

Por ejemplo, dijo, las grandes cantidades de grasa autóloga, o sea de uno mismo, o el ácido hialurónico (producto sintético similar al que deja de producir nuestro cuerpo con el proceso fisiológico) se pueden inyectar, pero en pequeñas cantidades, por las complicaciones y el aumento del riesgo para otras patologías como el cáncer de mama. En esa zona se utilizan las prótesis de sustancias biocompatibles.

Aunque tarden, siempre aparecen las complicaciones, especificó, que van desde prurito en la zona, enrojecimiento del área, celulitis, abscesos, fiebres, inflamación granulomatosa, nódulos cutáneos, fístulas, contractura y deformidad, hasta una leucocitosis o sepsis. La naturaleza de la sustancia e impurezas en la misma, cantidad total inyectada, asociación a trauma local e infecciones se consideran determinantes en el tipo y grado de reacción inflamatoria. “Hay quien ha llegado a inyectarse tres litros en cada glúteo”, ejemplificó.

El tratamiento es sintomático, con fomentos, reposo, antiinflamatorios, antibióticos, y en los casos más severos donde se hospitaliza el paciente, este se hidrata y se le realizan múltiples punciones en la zona afectada, para que expulsen los gases de la descomposición del producto. “No somos tributarios de los tratamientos quirúrgicos. Se ha demostrado que traen más deformidades, por la propia dificultad de extraer la sustancia, que se gelatiniza y disemina en los músculos, y nunca puede retirarse completamente”, explicó el entrevistado.

Alertó además del carácter migrante que tienen los biopolímeros, cuando se aplican por ejemplo en las caderas o glúteos, pues penetran en los vasos linfáticos y pueden desplazarse hasta las rodillas o más abajo, además de queproducen linfangitis a repetición.

Esta —ya lo sabemos— no tan “nueva” enfermedad, si bien no mata físicamente al paciente, sí destruye su autoestima y calidad de vida. No está de más mantenernos alertas y conscientes del peligro que supone, para la salud, exponerse a esta “instantánea belleza”.

Fecha:
Viernes, 10 de junio del 2016
Tomado de:

Sugerencias
Servicios
Cursos
Eventos
Sitios de interés
Enlaces