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A tiempo contra las quemaduras (II)
El mayor por ciento de las quemaduras que se atienden en los hospitales se produce en el hogar, alertaba nuestro entrevistado en la columna anterior, quien llamaba la atención sobre el hecho de que si bien muchos de estos accidentes domésticos no tenían gran envergadura, otros sí podían traer consecuencias graves para la salud e incluso la muerte.

Investigaciones sobre el tema refieren que los niños menores de 10 años y los ancianos mayores de 70 se consideran grupos de riesgo; y ambos segmentos de edad pasan mucho tiempo en casa, por lo que su exposición a las fuentes de quemaduras es mayor. Por ello es medular que las personas conozcan qué hacer, subraya el doctor Rafael Rodríguez Garcell, especialista de II grado en Cirugía Plástica y Caumatología, del Hospital Hermanos Ameijeiras, quien conversó con Granma sobre el manejo correcto de las quemaduras y cuál sería la mejor conducta a seguir ante un evento de este tipo, donde las primeras horas son decisivas.

Lo primero es tratar de minimizar el daño, es decir, interrumpir el contacto entre el agente causante y el organismo, independientemente de que se trate de una quemadura térmica, eléctrica o química, apuntó el experto; y seguidamente se recomienda aplicar abundante agua fresca sobre la zona afectada, ya que ello permite retirar los restos del agente causante, disminuye el calor que se genera en la zona, reduce la inflamación y alivia el dolor.

Debe tenerse cuidado cuando se trate de quemaduras muy grandes, señaló el doctor Rodríguez Garcell, no aplicar el agua muy fría, porque puede producirse hipotermia, pero fresca sí es necesaria. En el caso de las quemaduras químicas, puntualizó, nunca si la lesión fue producida por un ácido, echar entonces sobre la lesión base (álcalis), pues en lugar de ser beneficioso, o contrarrestar el efecto del primero, produce una reacción exotérmica que genera más calor, y por tanto deteriora más la zona del cuerpo ya dañada.

“Agua”, insiste el también presidente de la Sociedad cubana de Cirugía Plástica y Caumatología. “No existe nada más que en ese momento alivie o minimice los daños”.

Sobre los numerosos “trucos caseros” o mitos de curas milagrosas para las quemaduras, tan extendidos y que son con frecuencia “los primeros auxilios” en el hogar, el especialista advirtió que la mayoría de las veces los riesgos de estos productos superan con creces los supuestos beneficios.

Así, comentó por ejemplo sobre el uso de la lejía, que solo sirve para abrasar aún más la zona ya alterada en la piel e incluso aumentar la profundidad de la lesión inicial. Igual sucede con la clara de huevo, recomendación peligrosa ya que puede empeorar el pronóstico de las mismas; pues la película de la clara se queda adherida a la quemadura y hace más dificultosa su eliminación para la limpieza periódica de la zona, además de provocar un ambiente sin oxígeno (anaeróbico) que puede conllevar a infecciones peligrosas.

Del mismo modo sucede, por ejemplo, con la pasta de dientes que con frecuencia se utiliza por su efecto refrescante, pero que al igual que otras cremas que contienen alcohol lo que consigue es irritar aún más la lesión, en tanto las reseca.

Los “remedios” son numerosos: desde los que ya mencionamos hasta el tomate, la cebolla o la rodaja de papa. “Ello solo consigue enmascarar los daños e incrementarlos, y entorpecer la valoración del médico, que debe hacer un diagnóstico de la profundidad de la lesión, de acuerdo con las características semiológicas de la quemadura, como por ejemplo su color, y la presencia o no de ampollas”, refirió el entrevistado, quien reiteró que lo más prudente es la utilización de agua fresca, y acudir de inmediato al médico más cercano.

Como un elemento a tener en cuenta, el entrevistado mencionó que al igual que se quema la piel, se queman los gérmenes, por lo cual una quemadura es estéril, y no deben reventarse las ampollas.

El manejo de las quemaduras, agregó, dependerá de su profundidad y extensión. Aquellas menores a un 10 % de la superficie corporal se tratan generalmente ambulatorias, mientras las mayores de un 20 % requieren hospitalización, así como aquellas que se encuentran en zonas especiales como las manos, los pies, articulaciones, la cara, el periné, donde se consideran graves aunque sean de I grado, por las consecuencias que traen en cuanto a deformidades o discapacidad.

“En las personas que han sufrido quemaduras de grandes proporciones, son extremadamente valiosas y decisivas las primeras horas, pues el principal trastorno que se produce es un shock hipovolémico por la pérdida de líquidos. Acudir de inmediato a los servicios de salud más cercanos es esencial, pues todas las fórmulas de hidratación se basan en la hora en que se produce el accidente, y esta reanimación en las primeras 72 horas es un punto clave en el tratamiento del quemado para un mejor pronóstico”, explicó el experto.

“Las quemaduras no caminan”, como se dice popularmente. Lo que sucede, comentó el doctor Rodríguez Garcell, es que la profundidad inicial de una lesión puede hacerse mayor si no lleva un tratamiento adecuado, como lo es una correcta reposición de líquidos.

Es necesario entender que una quemadura tiene tres zonas: la central o de coagulación (aquella que ya no tiene solución por ser la más lesionada); una segunda rodeando esta primera, denominada zona de éxtasis y una tercera llamada zona de hiperemia, que es la más periférica y resulta la menos dañada ya que las alteraciones celulares en ella son reversibles. “El principal desafío al que nos enfrentamos está justamente en la zona de éxtasis, que es la que puede convertirse en zona de coagulación, y hacer necrosis, o si se trata bien puede mejorar”, especificó.

El reto para salvar la vida a un paciente radica entonces, comentó el experto, en la cantidad de áreas que sean salvables, porque las quemaduras de tercer grado tienen que ser injertadas, ya que el tejido dañado no puede ser recuperado. Este, dijo, debe sacarse de otra parte del cuerpo para ser colocado en esta zona crítica, y debe pertenecer al mismo individuo.

“Del tratamiento en estas primeras horas y de lo que se haga para salvar las zonas de éxtasis para evitar que se profundicen, dependerá que las mismas serán zonas que no necesitarán ser injertadas, e incluso cuando mejoren se podrá sacar piel para las otras más dañadas”, acotó el especialista.

“Si logras salvar la vida, en muchos casos las secuelas físicas son de gran envergadura, y muy difíciles de tratar, porque el individuo se afecta desde el punto de vista estético y funcional. Por otra parte las marcas, cicatrices psicológicas, son igual de devastadoras, llegando a impedir la reincorporación de la persona a la sociedad en ocasiones. El impacto es tal, que durante un largo periodo de tiempo reviven el momento incluso en sueños”, explicó.

Para el doctor Rodríguez Garcell, la prevención de quemaduras sigue siendo entonces la mejor forma de tratarlas, y al respecto recordó las palabras del doctor dominicano Carlos Enrique De Los Santos González cuando ha dicho que “por más irónica que esta afirmación pueda ser, evitarle a un individuo una quemadura supone protegerlo de una experiencia humana desgarradora”.

Fecha:
Mircoles, 6 de julio del 2016
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