Aspirar a la nueva normalidad no admite descuidos

Martes, 27 de octubre del 2020 / Fuente: Granma

 Intensas jornadas de higienización matizaron el trabajo en el Hospital Antonio Luaces Iraola, de la ciudad de Ciego de Ávila. Foto: Gutiérrez Gómez, Osvaldo

CIEGO DE ÁVILA.–La ciudad comienza a despojarse de las cuerdas que la atan y las calles vuelven a llenarse de gente que viene y va, con nasobuco incluido, aunque todavía la capital avileña no se haya librado del coronavirus, con un evento abierto en la periferia.

Tan enredada se torna la madeja de la pandemia, que las cifras que decrecieron antier pueden haber crecido ayer y volver a decrecer hoy. Es la fotografía más real que revelan los números de los últimos días en la provincia, sin que alimente descuidos, violaciones de las medidas de protección o aparezcan síntomas de fatiga a causa de ocho meses de lucha incesante.

Aquí es imposible olvidar el regreso del virus a finales de agosto, a partir de cuya fecha fallecieron 15 avileños, dolorosa realidad que obliga a no descuidar la vigilancia, pues ese rebrote de la COVID-19 multiplicó por cinco los decesos en el territorio, y por cuatro la tasa de incidencia acumulada (calculada para 15 días en el momento de los dos picos).

CIUDAD SITIADA Y EN CUARENTENA

Desde finales de marzo no hay descanso: Florencia, Isla de Turiguanó, Plan Hortícola, el Embarcadero, Venezuela, Majagua, Baraguá, La Piñera, 9 de Abril, Canaleta; los eventos de los hospitales de Ciego de Ávila y Morón, que motivaron a la máxima dirección del país al envío de un grupo de expertos y a más de 200 personas, entre especialistas, técnicos y personal de Enfermería, a combatir la pandemia. En fin, Ciego de Ávila aislada y dividida en cuadrículas, prohibida para quienes no están autorizados a entrar y salir.

Por eso es normal que Julio Gómez Casanova, presidente del Consejo de Defensa Municipal de Ciego de Ávila, bien temprano en la mañana, dirija una reunión de chequeo en el 9 de Abril, analice las incidencias de la jornada y comente: «hay que apretar ahora, que estamos ganando».

La cuarentena se vive y se sufre, según palabras de Magalys González Rodríguez, doctora en Ciencias Pedagógicas, trabajadora de la Universidad Máximo Gómez Báez y residente del edificio 12 Plantas. Ella dejó de pensar en las veces que el elevador no funciona y debe ascender hasta el sexto piso en pura escalada, con la respiración entrecortada a sus 56 años.

Comentaba ella, vía telefónica, que «si algo llamó la atención fue la actitud de los jóvenes que un día fueron niños bullangueros, que vimos correr por las escaleras y jugar en el parque Martí. Hoy son personas responsables, respondieron por los que no podíamos salir, ayudaron a sus padres, abuelos y vecinos, llevándoles el yogur, los mandados de la cuota. La pandemia nos ha unido más».

En el contexto del aislamiento aparecieron otras figuras como Marcelo, el del Solaris, restaurante que descansa en el último piso del edificio, «muy al tanto de todo», confiesa Lidia Luisa Rodríguez Delgado (Lily), jubilada de 65 años, quien también aportó a la formación de esos jóvenes que se ocuparon de casi todo en la cuarentena. «Marcelo ha estado pendiente de que lleguen la leche, el pan, los mandados de la tienda y de las reparticiones, al igual que hizo la administradora de la tienda El Centavo», acentúa Lily.

Sobre los jóvenes en la pandemia dijo: «los de mi edificio tocaron puertas para botar la basura, hacer cualquier diligencia y mantener la comunicación entre los vecinos».

LA LUZ

Al cierre del pasado día 24, las altas clínicas sumaban 570, permanecían hospitalizados 45 avileños, eran 29 los días sin muertes y la tasa de incidencia se comportaba en 13,04 fallecidos por cada 100 000 habitantes.

Si en Cuba, durante la pandemia, el doctor Francisco Durán García se nos hizo un miembro más de la familia al «entrar» en nuestros hogares cada mañana, en Ciego de Ávila ha ocurrido igual con Eduardo Zalacaín Petgrave, jefe del Departamento de Enfermedades Transmisibles del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología, quien en la etapa de la covid-19 no ha cambiado una mañana de descanso por el intercambio diario con la prensa, en aras de mantener informada a la población.

Conocedor de cada detalle de vectores, canales endémicos, protocolos de saneamiento, problemas higiénico-epidemiológicos, afirma que «no hay por qué temer a un retroceso en la mejoría de la situación epidemiológica que vive Ciego de Ávila en los últimos días».

Amplía Zalacaín que los casos de las últimas fechas todos eran contactos de contagiados anteriores y, por tanto, permanecían aislados. Por demás, solo se han diagnosticado pacientes en el municipio de Ciego de Ávila; los nueve restantes se mantienen en cero hace 19 días, y Chambas y Primero de Enero lo sostienen desde hace más de 45.

A ello se suma la disminución a 45 del número de pacientes ingresados –todos con una evolución estable–, menos sospechosos, y una tasa de incidencia acumulada de 10,1 por cada 100 000 habitantes en los últimos 15 días, más el incremento del control y las pesquisas en los barrios.

«El comportamiento de los números actuales está dentro de los cálculos, incluso, para un posible cambio de fase en la provincia. Las cifras nos favorecen».



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