Cenpalab, de los animales y bioproductos para la biotecnología a la agricultura de precisión

Lunes, 15 de marzo del 2021 / Fuente: Cubadebate / Autor: Abel Padrón Padilla, Deny Extremera San Martín

Especialista de Cenpalab

Tras décadas de desarrollo de la biología molecular, ya acuñado el término “ingeniería genética” y obtenidas las primeras moléculas de ADN recombinante (el Premio Nobel de Química 1980 estuvo relacionado con esa tecnología −Berg, EE.UU.− y con la secuenciación del ADN −Sanger, Reino Unido, y Gispert, EE.UU.), comenzando los ochenta surgían las primeras fábricas de biotecnología moderna y salían al mercado los primeros productos obtenidos por ingeniería genética molecular.

Los premios Nobel (también en Medicina) y la industria (actividad científica de punta más aplicación y proyección industrial) eran noticia en el Primer Mundo, y las primeras compañías tenían sede en Estados Unidos.

Difícil imaginar que precisamente en esos años pioneros despegara en Cuba un sector biotecnológico que, poco más de tres décadas después, cuenta con un grupo integrado, BioCubaFarma, y más de 32 empresas concebidas siguiendo el principio de ciclo cerrado (investigación-producción-comercialización), con alianzas internacionales y expansión fuera de fronteras, 742 registros sanitarios en 53 países y una cartera de productos que se exportan a más de 40 naciones.

Muy temprano en los ochenta, como parte de una concepción en la que el ciclo cerrado y la integración eran claves, se creó en la periferia de La Habana el Centro Nacional para la Producción de Animales de Laboratorio (Cenpalab), que desde entonces ha llenado un nicho imprescindible para el desarrollo de la industria biotecnológica cubana.

Es un centro de referencia en Cuba, donde, además de la producción de animales de laboratorio para todas las instituciones científicas de la isla, se investiga, se cultivan plantas proteicas, se produce alimento para animales y se diseñan dietas (para sus animales de laboratorio y para los que están en zoológicos); se desarrollan bioproductos, kits de diagnóstico y vacunas de uso veterinario; se ofrecen servicios de toxicología (experimental y regulatoria) y se realiza la preclínica de vacunas, a lo que se une el desarrollo e implementación de soluciones automáticas para la agricultura de precisión.

En total, en Cenpalab se mantienen 16 especies de animales en condiciones convencionales, de granja, y 22 de gnotobióticos (libres de patógenos específicos y empleados en investigaciones específicas o como banco genético).

“Nosotros tenemos colonias de monos, y nadie nos pedía, pero llegó la pandemia de COVID-19. Uno de los problemas que ha habido en el mundo con las vacunas es que no ha habido suficientes monos... No es un animal que se logra de un día para otro. Ahora mismo estamos pudiendo desarrollar varias vacunas paralelamente porque teníamos suficientes monos para los estudios preclínicos. Si Cuba no hubiera tenido los monos de Cenpalab, hubiera sido difícil avanzar en las vacunas”, afirma el doctor en Ciencias Miguel Ángel Esquivel Pérez, jefe del Departamento de Vigilancia Tecnológica en la institución.

“Una vacuna tiene un escalado, la escala zoológica. Primero un ratón, luego un curiel... Hasta los primates no humanos, antes de pasar a los humanos”, explica sobre la preclínica de los inmunógenos, que antecede a las pruebas clínicas.

El Cenpalab ha estado involucrado en la preclínica de los candidatos vacunales cubanos contra la COVID-19. La OMS reconoce hoy a nivel mundial 76 candidatos vacunales en alguna de sus fases de ensayos clínicos y 187 en fase preclínica. Cuba desarrolla Soberana 01, Soberana 02 (en fase III de ensayos clínicos, primera vacuna desarrollada en América Latina en llegar a esa etapa), Abdala, Mambisa y Soberana Plus, una formulación que parte de la Soberana 01.

Pero, además, el área de toxicología es clave en la liberación de lotes de vacunas y fármacos al mercado, la llamada toxicología regulatoria. “Para liberar cada producto, existen protocolos internacionalmente aceptados que hay que cumplir, mediante los cuales se prueba su toxicidad.

“Deben cumplir una serie de requerimientos y existen protocolos referentes a con qué animal se prueba, en qué dosis. Y eso tiene que ser repetible. O sea, cuando yo digo que este producto está aprobado, lo he determinado con una metodología que usted puede repetir para verificar si es verdad”.

En Cenpalab está la única cría industrial de conejo en Cuba, con más de 3 000 reproductores de conejo blanco. “El conejo es sensible a pirógenos, sustancias que producen fiebre. Cualquier vacuna, cualquier cosa que se inyecte a un humano en Cuba primero hay que probarla en un conejo de Cenpalab. Si no le da fiebre, está libre de pirógenos”.

El Dr. Esquivel recuerda los inicios del Cenpalab. “Está establecido internacionalmente y en la práctica: cada tipo de estudio lleva un tipo de animal. La biotecnología despegó en los ochenta, la primera empresa biotecnológica fue creada en Estados Unidos, y en 1982 Fidel orientó crear este centro, porque previó que, si Cuba no era fuerte en animales de laboratorio, no podría desarrollar la industria biotecnológica.

“Y la vida le dio la razón. Es el soporte de lo primario. La biotecnología es una cadena: estamos en el eslabón primario, y en el último está el Centro de Biopreparados (Biocen, creado en 1992. Ha asumido recientemente la fase de escalado productivo del candidato vacunal Soberana 02 contra la COVID-19), que envasa lo que producen otros centros”.

Es −agrega−, un esquema. “En el medio el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB, 1986) y el Centro de Inmunología Molecular (CIM, 1994), los dos centros más importantes de la biotecnología en Cuba, y a los lados Cenpalab y Biocen... O sea, inicio, desarrolladores y envasador”.

Para Esquivel, ese esquema integrador ha sido una fortaleza: “La visión de Fidel ahí fue inmensa. Él vio el problema décadas antes de que viniera. El diseño circular. La pandemia tomó a todos por sorpresa... Gracias a que teníamos una cantidad de animales, hemos podido enfrentar los retos. Aquí no se ha detenido nada por falta de animales de laboratorio. No por gusto, Cuba es el único país del Tercer Mundo que desarrolla y va a contar con vacunas propias contra la COVID-19”.

Muchos de esos animales que son transgénicos los logran instituciones especializadas. Algunos se traen, otros se logran en Cuba. Nosotros los reproducimos, los mantenemos en el gnotobiótico y los suministramos a los centros que los necesitan.

Según distintas fuentes, la cifra de animales (ratones y ratas, aves, conejos, cobayos, hámsteres, animales de granja −incluidos cerdos y carneros−, reptiles, perros, primates no humanos...) usados en laboratorios para fines científicos diversos, supera los 100 millones cada año a nivel global. Se trata de estimaciones, porque las estadísticas de muchos países son imprecisas o incompletas.

El Código de Núremberg, considerado el primer referente internacional en el campo de la ética de la investigación, establecía en 1947 que cualquier experimento en humanos debe ser diseñado y basado en resultados de investigación animal.

La Declaración de Helsinki (1964), el documento más importante en este tema luego del Código de Núremberg, que ha sido actualizada con reformas posteriores, señala que la investigación médica en humanos debe apoyarse, entre otras cosas, “en experimentos de laboratorio correctamente realizados, y en animales, cuando sea oportuno”, y también que “al investigar, hay que prestar atención adecuada a los factores que puedan perjudicar el medio ambiente. Se debe cuidar también del bienestar de los animales utilizados en los experimentos”.

Junto a códigos y mecanismos regulatorios nacionales, regionales y de entes como el Consejo de Organizaciones Internacionales de Ciencias Médicas (Cioms), el Consejo Internacional para las Ciencias de los Animales de Laboratorio (Iclas) y la Asociación Internacional para la Evaluación y Acreditación del Cuidado de Animales de Laboratorio, en las últimas décadas principios como las “cinco libertades” y las 3R (reemplazo, reducción, refinamiento) reforzaron el peso de la ética y el bienestar animal en la investigación.

En Cuba, Cenpalab es la entidad rectora y coordinadora del Sistema Nacional de Animales de Laboratorio (Sinal). “Nosotros somos defensores de que los animales de laboratorio se usen racionalmente, pero actualmente, y no solo en Cuba sino a nivel internacional, hay muchos casos en los que es imprescindible usarlos, la única vía. Hay pruebas, procesos, definiciones de dosis que, necesariamente, hoy debemos hacer en animales”, apunta el jefe del Departamento de Vigilancia Tecnológica.

“Todos los productos de la biotecnología tienen un sistema de gestión de la calidad completo, que define qué cosa hay que hacer en cada momento. El Cecmed (Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos) registra los productos y regula todo lo que debe cumplir un producto. Aquí tenemos más de una auditoría semanal, desde el Cecmed hasta organismos internacionales. Y las auditorías no se quedan en los científicos, van hasta el hombre que alimenta o manipula a los animales.

“La mayoría de nuestros trabajadores son técnicos medios, acreditados en buenas prácticas en manejo de animales. Periódicamente, tienen que pasar cursos de capacitación y evaluarse. Eso garantiza que las buenas prácticas se mantengan en todo el proceso”.

En una de sus regulaciones, de 2013, el Cecmed estableció implementar y verificar el cumplimiento de los criterios armonizados de los Comités Institucionales para el Cuidado y Uso de los Animales de Laboratorios (Cicual), “en todas las Instituciones que aporten resultados experimentales utilizando animales de laboratorio, como parte de las solicitudes de trámites reguladores”.

En esa regulación, la institución señalaba que “la calidad de los resultados experimentales que forman parte de la caracterización farmacodinámica, farmacocinética y toxicológica de los medicamentos, vacunas y dispositivos médicos implantables, resulta comprometida seriamente cuando la conducción de ensayos en animales no considera la protección del bienestar animal, el control del estrés, el dolor y el punto final humanitario”.

Aunque son imprescindibles aún en muchos procesos de investigación, producción y desarrollo, cada vez se emplean menos animales. Esquivel señala que “por una cuestión ética, cuando un cliente nos pide 1 000 ratones, le preguntamos para qué quiere 1 000 ratones, por qué no 100. Le pedimos que nos presente el experimento, las repeticiones, definimos lo racionalmente necesario”.

Hoy Cenpalab tiene más de 200 clientes en el país, tanto de BioCubaFarma (incluidos el CIGB, el CIM, el Instituto Finlay de Vacunas y el Centro de Inmunoensayo) como de los ministerios de Agricultura (uno de los principales es la empresa Labiofam) y de Salud Pública.

Ciclo cerrado, integración y economía

La lista de servicios y desarrollos de Cenpalab es larga.

De los animales como biomodelos para investigaciones y proyectos −por ejemplo, explica Esquivel, el gerbillo de Mongolia es biomodelo para estudios neurológicos−, hasta los que se usan en toxicología (allí se hizo la toxicología del Nasalferón, entre otros conocidos productos), preclínica y otros estudios, o para la obtención de anticuerpos monoclonales y otros bioproductos (incluidos hemoderivados); producción de plantas proteicas para alimento animal en una finca automatizada con tecnología desarrollada en el centro, una fábrica de pienso y sistemas para la agricultura de precisión.

Entre los bioproductos están también los microorganismos eficientes para saneamiento ambiental.

“Tenemos una planta que produce cinco millones de litros al año. Se usa en el saneamiento ambiental de cuencas y bahías. Por ejemplo, se está aplicando en las entidades que vierten residuales a la bahía de La Habana, con una efectividad de más del 70%”, señala Esquivel.

Son microorganismos que trabajan en asociación unos con otros y compiten con el sustrato, hacen un ciclo y desplazan a los microorganismos patógenos, descomponen la materia orgánica.

“Los usamos aquí. Y se pueden usar a nivel doméstico, en sitios donde se acumula materia orgánica”, precisa.

“Cenpalab es una institución única en el país, y también sui géneris a nivel internacional. Quizá ninguna, o muy pocas instituciones en el mundo, hagan a la vez todo lo que hace Cenpalab. Centros que se dedican a una cosa, no se dedican a otras. Normalmente, el que produce animales no hace toxicología ni produce pienso, o tiene solo animales de granja o solo gnotobióticos, pero no ambos”, afirma Esquivel.

En el área de gnotobiología hay ratas, ratones y otras especies con una diversidad de líneas genéticas; hámsteres, gerbillos de Mongolia, curieles... “Todos se crían en condiciones gnotobióticas en salas protegidas. Quienes trabajan ahí llegan por la mañana, comen, se bañan y desinfectan con agua ozonizada, se visten con la ropa especial y entran a trabajar a la sala y allí están sin salir hasta las dos o tres de la tarde. Todo lo que entra a la sala se pasa por autoclave, incluidos alimento y encamado”.

De hecho −recuerda−, en un inicio iban a ser dos instituciones, una para animales de granja y otra para los gnotobióticos. “Luego Fidel decidió que fuera una sola, incluida un área de toxicología. Fidel dijo, ‘espérate, ¿cuál es el insumo principal en la toxicología? Los animales. ¿Vamos a hacer un centro de toxicología en El Vedado para estar mandando animales todos los días...?’.

“También obtenemos aquí el líquido ascítico rico en anticuerpos monoclonales, que se emplea en la vacuna cubana contra la hepatitis B. Antes, al CIGB, que hace la vacuna, le mandábamos miles de ratones, pero trasladar tal volumen es un problema logístico, a lo que se suman el estrés de los animales, las muertes en el traslado. Y se necesitan condiciones para mantenerlos...

“Ahí fue cuando Fidel dijo, ‘espera, trasládenle al Cenpalab la tecnología de extracción del líquido ascítico’. Entonces, la Dirección de Gnotobiología produce el ratón, la de biotecnología realiza los procesos en los animales y hay salas donde se extrae el líquido ascítico, se filtra y se envía en botellones al CIGB, que lo recibe para producir la vacuna.

“Cuando nos dio la tarea de los animales de laboratorio, nos dijo que también teníamos que producir la comida. Esos animales no pueden comer cualquier cosa, cada cual tiene su dieta, porque si tienes un animal en un experimento no puedes correr el riesgo de que le pase algo por causa del alimento. Insistió en que tuviéramos la fábrica de pienso, y se hizo. Hoy tiene 90% de automatización.

“También nos orientó desarrollar las plantas proteicas, por su potencial en la industria del pienso, y mecanizar e industrializar su producción. Fidel dijo que necesitábamos el ciclo cerrado, y en varias cosas: aquí se investiga, se produce, se vende y se comercializa. Concibió esta institución en un ciclo cerrado”.

Según datos de BioCubaFarma, Cenpalab comenzó a exportar sus producciones hacia Europa desde los propios años ochenta y, desde inicios de los noventa, paquetes biotecnológicos, biomodelos y vacunas veterinarias hacia países latinoamericanos.

Sin embargo, Esquivel precisa que la esencia en la concepción de Cenpalab no es exportar. “Forma parte de una cadena de valor que termina en centros que exportan. Nuestros animales, por ejemplo, se convierten en vacunas. Exportan los que hacen las vacunas, pero somos claves para que ellos exporten”.

Añade que hay integración entre los centros que forman BioCubafarma, “y dentro de BioCubaFarma, el único centro que produce, distribuye y mantiene animales de laboratorio en Cuba es Cenpalab.

“Y es un centro estratégico. Hicimos un ejercicio y calculamos que Cenpalab le ahorra al país unos 30 millones de dólares anuales. Pero, suponiendo que un día nos dieran esos 30 millones, sería difícil y costoso conseguir o traer los animales: primero, los producen principalmente unas pocas trasnacionales en el mundo, y no nos los venden. Segundo, muchas líneas aéreas hoy no transportan animales.

“¿Dónde están los grandes centros de producción y cría?: donde están los grandes laboratorios transnacionales. No los puedes comprar, no puedes tener un avión todos los días y semanas trayéndote animales, como nosotros, que distribuimos diariamente. Y menos un país bloqueado, como Cuba”.

“Cenpalab es un centro estratégico, y así lo concibió Fidel en los ochenta, para el desarrollo de la industria farmacéutica y biotecnológica en Cuba, porque asegura los animales de laboratorio y todo lo que está alrededor de ellos a nivel nacional.

“Nosotros conciliamos con los distintos centros cada año lo que van a necesitar, y eso se hace semanalmente, de acuerdo con las capacidades productivas que tengan, sus posibilidades de venta de productos y los mercados que tengan, las necesidades para investigación...

“Gracias a eso, Cuba tiene un alto desarrollo en su industria farmacéutica y biotecnológica. No dependemos de nadie, afortunadamente”.

Soluciones automáticas y agricultura de precisión

En la concepción de Cenpalab durante la primera mitad de la década de 1980, y en su trayectoria posterior, hay un concepto que es clave hoy en las condiciones económicas y políticas en que se desarrolla Cuba: la soberanía tecnológica.

Esquivel cuenta que “cuando se fue a hacer Cenpalab, toda la automática se le iba a comprar a la Siemens. Fidel preguntó: ‘¿Y qué pasa si un día la Siemens no quiere vendernos más sus autómatas? ¿Vamos a hipotecar la producción de estos animales y la biotecnología en Cuba? ¿Por qué no hacemos un proyecto cubano, con autómatas cubanos?’. Se hizo un proyecto integrado, con tecnología y know how cubanos. Y lo hemos renovado constantemente. Somos dueños de la tecnología, los diseños son nuestros”.

Agrega que “eso nos da el potencial de, a partir de un autómata, desarrollar más cosas. Trabajamos con software libre, de lo cual se habla mucho, pero, en la concreta, no se hace lo suficiente... Luego apareció el concepto de open hardware”.

Las instalaciones de investigación, producción y desarrollo de Cenpalab abarcan una amplia área en el municipio habanero de Boyeros, a lo que se suman 32 ha en la finca Mestre, en San Pedro, a unos 20 km del centro, y otras 400 ha en esa zona, donde Esquivel explica que están desbrozando tierras y creciendo en dependencia de las capacidades.

En números, la plantilla es de más de 630 trabajadores, entre ellos 168 universitarios (58 con títulos doctorales y maestrías) y 252 técnicos medios.

“Se piensa que aquí todos son veterinarios, pero la mitad son mecanizadores, informáticos, ingenieros en refrigeración... Hay un balance entre la parte biológica y la tecnológica que nos ha llevado hasta campos como el de la agricultura de precisión”, aclara el jefe del Departamento de Vigilancia Tecnológica.

En el centro fabrican los aisladores con filtros para los animales del área de gnotobiología, donde se encuentra el banco genético, pero también, maximizando el conocimiento acumulado, han avanzado en el segmento de las soluciones y productos para la automatización de procesos agrícolas.

“Tenemos una plataforma, un sistema automatizado de gestión agrícola en tiempo real donde cada equipo (tractor, cosechadora, sistema de riego) está equipado con una computadora de propósito específico que diseñamos nosotros y se fabrica en el exterior.

“La computadora monitorea o automatiza procesos en ese equipo, cuenta con un módem que transmite inalámbricamente a través de la red de Etecsa, se almacena la información en un servidor y ahí hay aplicaciones con las que, a partir de los datos recibidos, se hacen reportes, análisis de tiempo trabajado y otras funciones, o, de forma automática, se ejecutan tareas como la gestión del sistema de riego o la conducción del tractor”.

Según la definición oficial aprobada en 2019 por la International Society of Precision Agriculture (ISPA), la agricultura de precisión es una estrategia de gestión que recoge, procesa y analiza datos temporales, espaciales e individuales y los combina con otras informaciones para respaldar las decisiones de manejo de acuerdo con la variabilidad estimada, y así mejorar la eficiencia en el uso de recursos, la productividad, la calidad, la rentabilidad y la sostenibilidad de la producción agrícola.

La tecnología se puede aplicar en sistemas o en equipos específicos, como el que controla la profundidad de la preparación de tierra. “Hay otro en las fumigadoras o asperjadoras, en Cítricos Jagüey Grande, dotado de un sonar que permite que donde no hay plantas, o en el cambio de surco, el equipo no asperje. Ahí se logra un ahorro importante del producto y mayor eficiencia en esa función. Y están la fertilizadora que aplica la dosis exacta de fertilizante, regulada según parámetros establecidos, y la sembradora que asegura alcanzar la densidad adecuada para mayor productividad de un cultivo”.

Hoy, el sistema está desplegado en la finca Mestre y también en el central Jesús Rabí, de Matanzas. Actualmente, hay más de 100 equipos de agricultura de precisión desplegados, tanto tractores como sistemas de riego.

“Se va a extender a otros dos centrales, el Héctor Rodríguez, en Villa Clara, y el Ciro Redondo, en Ciego de Ávila. Estos y el Rabí son los tres centrales azucareros que hoy cuentan con plantas bioeléctricas. Estamos trabajando muy estrechamente con Azcuba”.

En cuanto a otras posibilidades de ampliación, Esquivel apunta que existe un programa y se ha previsto implementar esta tecnología en unas 15 empresas en los principales polos productivos, entre ellos Mayarí, las tres grandes arroceras (Los Palacios, Sur del Jíbaro y Fernando Echenique) y las grandes empresas de cultivos varios (La Cuba, Ceballos, Cubasoy, Valle del Yabú y Güira de Melena).

“Todo esto pasa por inversión”. En el caso del sector azucarero, “ya Azcuba va a poner su parte”, añade.

“Trabajamos de manera general en sistemas intensivos de producción agropecuaria apoyados en la tecnología, y uno de los campos es la agricultura de precisión: lograr la automatización, la aplicación de tecnologías de la informática y las comunicaciones en la agricultura”.

 

Hemos desarrollado el sistema. Muchas de estas plataformas no las podemos comprar porque se generan en Estados Unidos y en países de Europa. El sistema de autoguiado cuesta entre 60 y 70 000 dólares; lo produce Trimble, de Estados Unidos. No hemos logrado que nos lo venda alguna empresa.

“La mayoría de las soluciones requiere la integración de diferentes tecnologías. Teníamos automáticos, hicieron un autómata y le instalaron GPS; pero ese punto luego tienes que ponerlo en un mapa, y ahí entra la geomática o geoinformática. Si el GPS viene con un sistema de coordenadas y el mapa tiene otro, el punto no cae. Buscamos especialistas en topografía, que trabajan junto a los automáticos. Para el sistema de autoguiado, hay que tener una estación RTK (del inglés Real Time Kinematic, navegación cinética satelital en tiempo real).

“Es un GPS que asegura una precisión centimétrica. Si tienes un tractor con GPS, manda su ubicación a la estación, que detecta cualquier desviación. El tractor tiene una conexión por radio y se corrige la posición constantemente.

“¿Qué hicimos? Compramos los chips, pero todo, el diseño de las placas y demás, lo hicimos nosotros. Es lo que nuestro presidente explica y recalca tanto, la soberanía tecnología, y eso lo hacemos con la UCI, con la Cujae. Nos integramos. También con el Instituto de Mecanización del Ministerio de la Agricultura.

“No es lo mismo comprar el sistema, un paquete tecnológico, que comprar componentes que obviamente no se producen en Cuba y entonces diseñar y armar un sistema. Tiene varias ventajas, incluidas la económica y esa estratégica de la soberanía tecnológica. El equipo es nuestro”, destaca.

Hacemos los computadores de a bordo, pero es una solución, no un aparato. Porque si te doy este teléfono, pero no te capacito, si no te doy un software, no puedes usarlo... El teléfono en sí no es el producto, el producto es todo lo que hay detrás: sistema, servicio técnico, capacitación, software”.

En la agricultura −nos dice Esquivel− hay tres grandes áreas de impacto: una productiva, una económica y una ambiental. Se optimiza el uso de recursos y se busca el menor impacto en el medio.

“Pero hay un componente social que, en el caso de Cuba, además del problema productivo, es esencial. La población cubana tiende a disminuir y envejecer, y es escasa la población que realmente produce en el campo. ¿Cómo logras que un muchacho vaya al campo? ¿Cómo hacer el campo más atractivo?

“Para muchos fabricantes, la parte más importante de la cosechadora o el tractor es la cabina. Porque, al final, el aparato depende de un hombre.

“Teóricamente se sabe todo lo que hay que hacer, ¿dónde está el problema? ¿Cómo tú sabes que están haciendo lo que mandaste a hacer? Cuando un tractor entra en el campo, tú no sabes si está arando bien o mal, aplicando o no el fertilizante, si lo echa donde tiene que echarlo”.

Ahí entra lo que Esquivel llama el “síndrome del jefe”, que no se lee en los libros. “A la orilla de la guardarraya todo está bien, porque los jefes generalmente llegan hasta la guardarraya, pero cuando caminas unos metros campo adentro, el operador va subiendo la máquina y comienza a arar a una profundidad que no es la adecuada. Esas plantas no van a crecer porque debajo el suelo está duro”.

“Se le llama sistema de gestión agrícola automatizada en tiempo real, y necesitas cobertura celular, un grupo de requerimientos que ya vamos teniendo disponibles en Cuba. Un sistema automatizado te permite tener certeza de lo que se está haciendo en el campo”.

Para esos casos −dice−, sirve un sensor que determina hasta dónde debe bajar el arado. “Cuando empiezas a arar más superficialmente, te envía un mensaje a cabina informándote que lo estás haciendo mal. Si sigues haciéndolo mal, envía un mensaje al centro de control o al jefe y le informa. También se puede hacer automático: cuando el equipo entra al campo, el arado baja a distancia fija, o puede bloquearlo si no estás respetando la altura”.

Todas estas herramientas de la agricultura de precisión automatizan labores agrícolas “y tienes certeza de que se cumple lo especificado en la carta tecnológica. Al encargado le enseñamos a usar el sistema, y hay una serie de labores que antes hacía el hombre y ahora hace el equipo, además de que constantemente se monitorea y supervisa lo que hace. No es un objetivo policial, sino asegurar que se cumpla lo establecido. Por supuesto, ese hombre es más productivo y debe ganar más, porque está en un equipo superior”.

“El tractor robotizado está equipado con una computadora y una serie de sensores que realizan automáticamente una serie de funciones, incluida la conducción... Te salen todos los surcos derechos y parejos en el arado, con el uso de un sensor; en la siembra, con una máquina también automatizada, vas sembrando derecho y a una distancia fija, lo cual asegura la densidad adecuada en una extensión de tierra determinada para asegurar la productividad máxima del cultivo.

“En el caso del combustible, usamos un sensor que mide el combustible en tiempo real. Los datos se combinan con los que da el sensor de movimiento, que informa si el equipo está caminando, y a qué velocidad. Si el tractor está parado, y baja el combustible, ahí pasó algo; o si te dije que fueras a la pipa, o al garaje a habilitar, y tu tanque no subió 20 litros, entonces se sabe que el combustible no se lo echaste en el tractor.

“Lo más importante es que se puede conocer con certeza cuáles son los índices de consumo. Por ejemplo, en Güira de Melena el estudio nos mostró que el índice de uso del tractor no llegaba al 20%; o sea, un tractor desde que sale y en el tiempo que está arando, ¿qué es lo que produce? Era el 20% del tiempo y del consumo. El resto era en el viaje de ida y vuelta”.

También es aplicable en cosechadoras o en máquinas de riego. “Trabajamos en Güira de Melena, en la papa. Las máquinas de riego tienen diez posiciones, que definen la velocidad de giro del pivote. Normalmente, la papa hay que tenerla en posición 4, el sistema va despacio y aplica la cantidad de agua necesaria.

“Pero esa máquina tiene un operador, y ese hombre está metido en un campo cerca de la costa, hay unos mosquitos enormes... Cuando él se ve solo, a las diez de la noche, pone la máquina en 10, y se acelera, y al día siguiente amanece y se ve que regó, pero no echó el agua necesaria... ¿Cuándo te enteras?, al final, cuando el campo, en vez de 50, rinde 20 toneladas por hectárea”.

Son soluciones que requieren tecnología, know how e inversión, pero Esquivel argumenta que “cuando hay menos recursos es cuando tienes que usar los equipos con más eficiencia y efectividad. Es uno de los principios de la agricultura de precisión.

“Un detalle importante, todas las cosas que hacemos son ciento por ciento cubanas. Hoy, como mismo hay software libre, hay hardware libre. Trabajamos con las universidades y las soluciones son ciento por ciento nuestras. O sea, tenemos control absoluto sobre toda la tecnología, lo que nos permite modificarla”.



Últimas noticias