Regar los campos con tecnología

Viernes, 24 de septiembre del 2021 / Fuente: Revista Bohemia / Autor: NAILEY VECINO PÉREZ

Agricultura de precisión. Sensores, satélites y en particular los drones. Foto: interempresas.net

En la ciudad vietnamita de Sa Pa, un dron sobrevuela varias hectáreas de sembrados de arroz. Desde una distancia de más de 20 kilómetros, el pequeño artefacto le advierte al agricultor sobre el bajo nivel de humedad de sus cultivos.

Las plantaciones de arroz son tan antiguas como las naciones milenarias tipo China o India. Desde molinos, bueyes y horquillas, pasando por maquinarias y tractores, hasta el uso más reciente de vehículos no tripulados y sensores digitales, la historia ha ido marcando el desarrollo en una de las industrias representativas del sector agrícola mundial. El trabajo en el campo evoluciona y no solo en arrozales.

En otro paraje como Cali, Colombia, servidores informáticos procesan datos para calcular el riego exacto que necesitan sus frutales, mientras se venden las cosechas de hortalizas españolas en el mercado internacional con la ayuda de criptomonedas.

Cada una de estas experiencias se inserta hoy en una nueva era de producción de alimentos, que aprovecha la tecnología digital y la Internet para satisfacer las necesidades de agricultores y consumidores con mayor precisión.

Los voceros de esta tecnología prometen que solucionará los problemas de seguridad alimentaria del futuro. No sabremos aún si cumplirán con su promesa; de momento, puede asegurarse que ya acaparan toda la atención.

El cultivo de la eficiencia

A inicios de la década de 1980 se empezó a implementar en los Estados Unidos una práctica conocida como gridsampling o muestreo de cuadrículas, basada en tomar muestras pequeñas a distancias iguales en una superficie rural determinada.

También por esta época, en 1985, un grupo de investigadores de la Universidad de Minnesota logró obtener variaciones en abonos y fertilizantes para parcelas agrícolas. Iban apareciendo así los primeros vestigios de lo que es hoy la agricultura de precisión (AP).

Según la definición oficial, aprobada en 2019 por la Sociedad Internacional de Agricultura de Precisión (ISPA, por sus siglas en inglés), la AP “es una estrategia de gestión que recoge, procesa y analiza datos temporales, espaciales e individuales para mejorar la eficiencia en el uso de recursos, la productividad, la calidad, la rentabilidad y la sostenibilidad de la producción agrícola”.

En esencia, se trata de una técnica que mide cada parámetro, recurso, maquinaria o persona que interviene en los cultivos, mejorando los procesos del campo y haciéndolos cada vez más precisos y eficientes.

“Gracias a ella los productores pueden tomar decisiones más eficientes sobre las semillas que van a plantar, el campo donde van a sembrar e incluso son capaces de predecir el rendimiento de la cosecha, lo que hace mucho más preciso el trabajo”, agrega el ISPA.

En tanto, Dennis Escudero, especialista de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), señala que entre sus beneficios está la significativa reducción de las cantidades de fertilizantes suministradas, el ahorro en la compra de productos fitosanitarios y de abonos, y una mejor valorización de las cosechas”.

A ello hay que sumar el positivo efecto medioambiental. La AP se ha convertido en uno de los pilares de la agricultura sostenible.

Sus expectativas de crecimiento para los próximos años son elevadas. Según datos de la industria de maquinaria europea, entre 70 y 80 por ciento del equipamiento agrícola vendido en la actualidad cuenta con tecnología propia de la agricultura de precisión.

Imagine poder controlar temperatura, cantidad de agua y fertilizante necesarios para cada tipo de cultivo, o la profundidad de la aradura; ser capaces de calcular con total precisión la distancia entre canteros, así como guiar o supervisar tractores sin operadores humanos y medir la cantidad exacta de combustible que consumen; todo ello tan solo desde un teléfono celular, un ordenador o algún otro dispositivo electrónico.

La tecnología propia de la agricultura de precisión ha hecho posible todo lo anterior mediante el uso de sistemas de posicionamiento global o GPS, además de sistemas de información geográfica (SIG), monitores de siembra y de rendimiento, sensores de suelo, uso de drones, pilotos automáticos, satélites y robots, entre otros dispositivos.

También necesita de sistemas de posicionamiento global diferencial, de la denominada Tecnología de Tasa Variable (VRT), y de otras técnicas de muestreo de suelo con GPS para comprobar los nutrientes, el nivel de pH (medida de acidez o alcalinidad de una disolución) y otros datos que optimizan la siembra y la fertilización.

Varios especialistas coinciden en que las imágenes de satélite son la opción más rentable de la observación remota. El software online permite adquirir, procesar y analizar datos que se pueden, al momento, compartir con todos los participantes del proceso de gestión del campo (agricultores, compañías de seguros, comerciantes, etc.).

AP en América Latina y el mundo

Estados Unidos, Canadá y Australia fueron los primeros en aventurarse en esta innovación agrícola, seguidos de Gran Bretaña y Francia, grandes precursores de esta técnica en la actualidad. De hecho, según un artículo del centro tecnológico español AINIA, el desarrollo del GPS y de las técnicas de esparcimiento modular se arraigó de tal modo en Francia, que actualmente apenas 10 por ciento de la población rural de ese país carece de estas herramientas en los campos.

De Asia, Japón y China son referentes en el uso de drones para sembrados desde hace más de una década. No es de extrañar: se trata de dos naciones, por naturaleza, tecnológicas. En abril de 2020, la empresa china XAG, la mayor proveedora de servicios de drones agrícolas del mundo, organizó en ese país la primera demostración de siembra de arroz con vehículos no tripulados.

En América Latina, Argentina lidera el uso de herramientas de precisión. Según la FAO, de sus 33 millones de hectáreas sembradas, 21,6 por ciento está equipada con estos instrumentos.

Le sigue en la lista el gigante sudamericano, Brasil, donde la AP ha sido usada de manera especial como un mecanismo de cuidado al medio ambiente y también para realizar estudios en cultivos como soja, maíz, eucaliptus, algodón, arroz, trigo, caña de azúcar y frutas.

En el Informe del Mercado latinoamericano de Agricultura de Precisión, Participación, Crecimiento, Tendencias 2021-2026 se advierte que “si bien con la llegada de la covid-19 se ha vuelto aún más crucial traer tecnologías innovadoras que mejoren los rendimientos y permitan la vigilancia remota, aún hay muchos pequeños agricultores en la región que no pueden pagar el equipo para practicar la agricultura de precisión”.

Ciertamente, el elevado costo de la tecnología y del mantenimiento y reparación de equipos y sistemas computarizados es una de las principales limitantes a las que se enfrentan los pequeños agricultores, entre otras desventajas como la dependencia de los sistemas de comunicación para funcionar adecuadamente y el desconocimiento de esa tecnología por parte de muchos.

No obstante, el propio informe enfatiza en que la revolución tecnológica y la transformación digital que tienen lugar en el mundo, tendrán un impacto positivo en el mercado latinoamericano de AP y la tecnología de precisión estará ampliamente disponible en los próximos años.

Mirar a Cuba y hacia el futuro

En Cuba, la agricultura de precisión está presente desde hace varios años, aunque no de manera masiva debido al alto costo del equipamiento.

Drones, GPS y otros medios satelitales se aplican desde 2009 en los campos cañeros de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Jesús Rabí, en Matanzas. Gracias a su empleo, hasta 2018 se ahorraron más de 588 000 litros de combustibles en las cosechas de caña efectuadas en la UEB, señala un artículo de la revista del Instituto de Investigaciones de Ingeniería Agrícola (IAgric).

Experiencias de ese tipo existen también en las provincias de Holguín, Pinar del Río, Matanzas y Artemisa, empeños en los que participan el Centro Nacional para la Producción de Animales de Laboratorio (Cenpalab), el Grupo Empresarial Geocuba, el Instituto Nacional de Investigaciones de la Caña de Azúcar (Inica, perteneciente al Grupo Azucarero Azcuba) y otros organismos asociados al Ministerio de la Agricultura y de las Comunicaciones.

El país apuesta por generalizar una política de informatización que, si bien avanza, aún no tiene hoy una respuesta significativa. La informatización de los procesos en la agricultura, como vía certera para lograr mayores niveles de autosuficiencia alimentaria, es aún para la mayor nación de las Antillas una tarea pendiente.

Más allá de ser una de las innovaciones agrícolas modernas más populares, los beneficios de la agricultura de precisión son claros. De conjunto con la maquinaria agrícola 4.0, la AP permite un aumento de la productividad, competitividad en costos, del control de calidad de cultivos y mejora del trabajo en la siembra.

Pudiera decirse que ayuda a resolver los problemas más críticos de la agricultura: el desperdicio de recursos, los altos costos y el impacto medioambiental. Su influencia en la agricultura del futuro es incuestionable.

Dice el refranero popular que todos los caminos conducen a Roma. Hoy, toda meta de desarrollo en la producción de alimentos conduce a la agricultura de precisión, la fórmula del siglo XXI para los campos con tecnología.



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